Numero 2 (sin originalidad)
Pasé mi mano
por una hoja de papel
pero nada se transformó
no hubo palabras reveladoras
ni siquiera un garabato
de mi lápiz
debo convencerme
de que no tengo magia alguna
y que sólo se yerguen en la mañana
un deseo seco
y mi nula influencia
en el rostro y en el anverso
de todas las cosas
Los bostezos
descubren al ángel
que me espía y se ríe
y a las tantas cosas
de las que dudo
por ejemplo las flores
mis manos o el río
pero a veces
la muerte se toma un recreo
y todo se disfraza
en la fiesta que dura
solo un sueño
Hay un ir y no llegar
un huir y no partir
se asoma
el viento que confunde
y una palabra nos separa
en el cosmos de esta mañana
el silencio se refleja
en el desayuno frío
y en las gotas olvidadas
en aquella ventana
El fuego jamás se encendió. Nos dimos falsas palmadas, alientos vacíos y un amor lleno de comodidad. Les mentí y ni siquiera obtuve placer, dinero o nuevas anécdotas. ¿Para qué suicidarnos o matarnos unos a otros en un restobar? Es mejor pensar que acá no pasó nada, que firmamos y fue archivado.
En el epílogo de mi noche extraña
en el amanecer ajeno
lo deslumbrante
se transforma en vulgar
y aparecen en la falsa alarma del sueño
rostros cambiantes que violan la paz
nace un vértigo inexplicable
y rompe la certeza
de lo próximo a decir
por una hoja de papel
pero nada se transformó
no hubo palabras reveladoras
ni siquiera un garabato
de mi lápiz
debo convencerme
de que no tengo magia alguna
y que sólo se yerguen en la mañana
un deseo seco
y mi nula influencia
en el rostro y en el anverso
de todas las cosas
Los bostezos
descubren al ángel
que me espía y se ríe
y a las tantas cosas
de las que dudo
por ejemplo las flores
mis manos o el río
pero a veces
la muerte se toma un recreo
y todo se disfraza
en la fiesta que dura
solo un sueño
Hay un ir y no llegar
un huir y no partir
se asoma
el viento que confunde
y una palabra nos separa
en el cosmos de esta mañana
el silencio se refleja
en el desayuno frío
y en las gotas olvidadas
en aquella ventana
El fuego jamás se encendió. Nos dimos falsas palmadas, alientos vacíos y un amor lleno de comodidad. Les mentí y ni siquiera obtuve placer, dinero o nuevas anécdotas. ¿Para qué suicidarnos o matarnos unos a otros en un restobar? Es mejor pensar que acá no pasó nada, que firmamos y fue archivado.
En el epílogo de mi noche extraña
en el amanecer ajeno
lo deslumbrante
se transforma en vulgar
y aparecen en la falsa alarma del sueño
rostros cambiantes que violan la paz
nace un vértigo inexplicable
y rompe la certeza
de lo próximo a decir
