invierno en el averno

Name: mauro

Thursday, December 28, 2006

Numero 2 (sin originalidad)

Pasé mi mano
por una hoja de papel
pero nada se transformó
no hubo palabras reveladoras
ni siquiera un garabato
de mi lápiz

debo convencerme
de que no tengo magia alguna
y que sólo se yerguen en la mañana
un deseo seco
y mi nula influencia
en el rostro y en el anverso
de todas las cosas



Los bostezos
descubren al ángel
que me espía y se ríe
y a las tantas cosas
de las que dudo
por ejemplo las flores
mis manos o el río

pero a veces
la muerte se toma un recreo
y todo se disfraza
en la fiesta que dura
solo un sueño



Hay un ir y no llegar
un huir y no partir

se asoma
el viento que confunde
y una palabra nos separa
en el cosmos de esta mañana

el silencio se refleja
en el desayuno frío
y en las gotas olvidadas
en aquella ventana



El fuego jamás se encendió. Nos dimos falsas palmadas, alientos vacíos y un amor lleno de comodidad. Les mentí y ni siquiera obtuve placer, dinero o nuevas anécdotas. ¿Para qué suicidarnos o matarnos unos a otros en un restobar? Es mejor pensar que acá no pasó nada, que firmamos y fue archivado.



En el epílogo de mi noche extraña
en el amanecer ajeno
lo deslumbrante
se transforma en vulgar
y aparecen en la falsa alarma del sueño
rostros cambiantes que violan la paz
nace un vértigo inexplicable
y rompe la certeza
de lo próximo a decir

Saturday, November 04, 2006

Tomo 1

¿Cómo describir la felicidad?
Es más fácil hablar del dolor
enternece a las mujeres
y da prestigio a los poetas.
Ahora sonrío
con un golpe de brisa en la cara.
En otro momento me hubiera sentido un idiota.


Muecas en un papel arrugado
sonrisas en un vidrio sucio
palabras perdidas en el fuego de una hornalla
miradas en el asfalto lluvioso

me detienen
me nombran


cuando sólo quedan ruinas



Escapo de tu eco
tu sombra
y de vos.

Por eso con el nombre de otro
te digo mi amor.

Espero que esta vez
mi inocencia
no arruine el beso.


Reconocí vientos en mi voz. Sólo brisas disfrazadas de tempestades recorriendo desiertos en soledad. Como flores que se caen de un balcón abandonado después de una familia derrumbada. Reconocí mares en mis manos. Aguas que quieren resurgir de lluvias fingidas, tan tranquilas que asustan. Reconocí piedras en mis visiones. Inevitablemente inertes, resignadas, solitarias hacia el fin de las horas. Trato de sacarlas, limpiarlas, apartarlas de las luces que tal vez me conduzcan a algún lado. Reconocí quietudes en los sismos que florecieron en mí. En las guerras de siglos que estallaron en un minuto. En los aludes de mi llanura. En el centro del espanto fabricado. Abrí los cierres de mis espacios sin inexplorar. Y allí puertas. Y más.

Ese árbol sin hojas que da sombra

Asi define Juan Gelman a la poesía, que es el fin (¿y el comienzo?) de esta página. La poesía es un acto único, un acto inexplicable, que parte de algún lugar que no conocemos (o no creemos conocer). Así, la voluntad queda lesionada, debiendo plasmar las palabras que se cruzan en nosotros. Por eso, esta página es una muestra de lo que, en cierto modo, no pude evitar escribir.

Mauro Quesada